Tren de media noche

 



Apartadas quedan las fechas,
las horas con sus días,
el mal trago de melancolías.
Atrás quedan las melodías,
que hacían tu cuerpo vibrar,
mientras, gota a gota,
apurabas las bebidas.
Vas en la trasera de un taxi,
hacia la estación central,
allá el tren te espera, sí,
el de la media noche.
Lluvia fina que cala,
cuerpo, pelo y osamenta,
que limpia como un bálsamo
la sonrisa fláccida
de la gran borrachera,
vomitas sobre el andén,
mientras se divisa el tren;
toca el ciego de la armónica,
otra canción melancólica,
entre tanta lluvia quedan
por el andén flotando inseguros
todos los pensamientos e infortunios.
¡Yo a este tren me monto!
Es la voz de otra conciencia,
llena de fuerte inocencia,
que otros la tendrían por demencia.
Trae el aire mojado el “tu-tuuu”
del maquinista engorrado.
dejas el andén por el furgón,
¡Eh! ¡Subid conmigo!
Este es mi tren, vuestro tren,
el tren de la media noche.
Vamos, ve, ven fuera del andén,
vayamos a por otros bellos retratos,
que borren esos alientos de esparto,
que ahogan la vida en sucios vasos
de cantinas de poca monta,
de garitos de carne fresca,
de esas noches de gresca,
en que en tantas veces
perdimos el añorado tren.
¡Eh tú! Sí, a ti es, venga
¡Sube! ¡Ven!
no permitas
que te deje el tren.

 

Jeroni Mira
(Faust)


 

 

Ir a página de Ivonca