Entre tú el sexo y yo

Algo tan simple como el tener sed
y, seguidamente, aplacarla con agua.
¿Qué dista entre tu sexo y el mío?
Pensemos...
Nada.
Es como el agua que bebemos,
no, sin llegar a aplacar la sed,
porque cada encuentro
seguimos sedientos el uno del otro.
El sexo entre tú y yo,
no es este juego de una noche,
ni el derroche sin broche,
que te deja sin aliento,
ni la desesperanza del después,
es un fluir de pies a cabeza,
más allá de la epidermis,
es el corazón de la manzana,
donde está la semilla
de otro mañana,
de un renovado, iniciado encuentro,
donde cada flor es un desprendimiento,
en el interior de los dos.
Fluimos en eso que llaman sexo
con la naturalidad del que permanece
en el otro a pesar de las distancias.
Entre tú el sexo y yo,
todo es fuego.
Espérame por la tarde, al anochecer, en la noche, en la mañana, a lo largo
de lo que son veinticuatro millones de horas suspendidas. ¡Siéntelo! Tú
sigues dentro de mi fuego y yo en tus entrañas en llamas, algo tan fresco
como ir naciendo a cada momento.
Jeroni Mira
(Faust)
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